
El Rapto de las sabinas es un episodio mitológico que describe el secuestro de mujeres de la tribu de los sabinos por los fundadores de Roma.
Según la leyenda, en la Roma de los primeros tiempos había muy pocas mujeres. Para solucionar esto, Rómulo, su fundador y primer rey, organizó unas pruebas deportivas en honor del dios Neptuno, a las que invitó a los pueblos vecinos. Acudieron varios de ellos, pero los de una población, la Sabinia, eran especialmente voluntariosos y fueron a Roma con sus mujeres e hijos y precedidos por su rey.
Comenzó el espectáculo de los juegos y, a una señal, cada romano raptó a una mujer, y luego echaron a los hombres. Los romanos intentaron aplacar a las mujeres convenciéndolas de que sólo lo hicieron porque querían que fuesen sus esposas, y que ellas no podían menos que sentirse orgullosas de pasar a formar parte de un pueblo que había sido elegido por los dioses. Las sabinas pusieron un requisito a la hora de contraer matrimonio: en el hogar, ellas sólo se ocuparían del telar, sin verse obligadas a realizar otros trabajos domésticos, y se erigirían como las que gobernaban en la casa.
Años más tarde, los sabinos, enfadados por el doble ultraje de traición y de rapto de sus mujeres, atacaron a los romanos, a los que fueron acorralando en el Capitolio. Para lograr penetrar en esta zona, contaron con la traición de una romana, Tarpeya, quien les franqueó la entrada a cambio de aquello que llevasen en los brazos, refiriéndose a los brazaletes. Viendo con desprecio la traición de la romana a su propio pueblo, aceptaron el trato, pero, en lugar de darle joyas, la mataron aplastándola con sus pesados escudos. La zona donde, según la leyenda, tuvo lugar tal asesinato, recibió el nombre de Roca Tarpeya, desde la que se arrojaba a los convictos de traición.
Cuando se iban a enfrentar en lo que parecía ser la batalla final, las sabinas se interpusieron entre ambos ejércitos combatientes para que dejasen de matarse porque, razonaron, si ganaban los romanos, perdían a sus padres y hermanos, y si ganaban los sabinos, perdían a sus maridos e hijos. Las sabinas lograron hacerlos entrar en razón y finalmente se celebró un banquete para festejar la reconciliación. El rey de Sabinia Tito Tácio y Rómulo formaron una diarquía en Roma hasta la muerte de Tito.
Muy interesante esta nota sobre la escultura de Giambologna, de la que aquí se ve solo un detalle.
ecdp
(un poco de sobriedad entre tanto desconche)
9 comentarios:
Ya tengo dos motivos para ir a Florencia.
ecdp QUE HISTORIA INTERESANTÍSIMA!
muchas gracias!
me hace pensar muchas cosas para poner pero Dante está a upa y no me deja tipear!
im pre sio nan te!
A mi me gustó el culo y esos dedos medio hundidos. Si no fuese por esa teta que tiene el hombre, no creería que es una escultura.
A quien le interesa la historia del arte, que vaya al link ese que puse. De paso la ven entera, aunque no de todos lados como esperaba el autor.
Lo tengo de fondo de pantalla hace días (el cuadro original, no este).
Que coincidencia.
el culo está bueno, claro, es bien "clásico" y resalta la belleza de las mujeres que no están de moda: las no escuálidas,
¡gracias!
¿En serio, rub?
Otra más. Van... no se.
Blanc// un culo es un culo siempre. Las modas son pasajeras.
Cuervo, mi amigo Miguelito siempre dice eso:
"un culo es un culo"
Claro que él lo usa para justificar cuando lo encuentran en la popa de algún muchacho.
Saludos.
E.
Claro, eso no lo tenía en cuenta. Pensé que se iba a sobreentender.
Pero, gustos son gustos.
????
"de qué estás hablando Willis?"
epa que se fueron al carajo!eh!
.....pero me dieron una ideaaaa
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