Grandes Maestros de la Literatura Eróstica

Juan X. Pérez (1913-1995) Escritor argentino.
Su verdadero nombre era Juan Pérez. Eligió su seudónimo cuidando no perder identidad pero escondiendo su intimidad. Decidió ponerse una X como inicial de un segundo nombre fantasma para que nadie lo señale diciendo “ahí va ese”, con resultado dispar.
Juan X. Pérez fue un escritor amateur que se ganaba el pan trabajando en un taller mecánico. Más allá del mameluco, la grasa y los motores, Pérez era escritor. Su sangre era la tinta que no se usó para imprimir sus libros. Era escritor pero nunca se publicó ninguna de sus tantas obras. Era escritor pero nadie lo sabía.
Mucho tuvo que ver el género que cultivaba y su particular manera de encararlo. Lo suyo era el relato corto erótico.
Cada uno de esos relatos era para él una novela de 800 páginas, no por el contenido sino por el tiempo que le dedicaba. Era muy exigente con su estilo, un estilo muy particular.
Escribía relatos cortos eróticos cuidando mucho de no caer en lo chabacano; era muy respetuoso del sexo y no podía faltarle el respeto a la literatura usando palabras groseras. También se cuidaba de no usar metáforas o cualquier otro piripipí gestaltico. Temía que confundieran a sus relatos eróticos con relatos románticos, por lo tanto los despojaba lo más posible de ornamentos lingüísticos.
Así es que sus relatos adquirieron un estilo muy personal, culto, inteligente y, hasta cierto punto, incomprensible. Eso no le preocupaba. Concebía sus obras como obras de arte y al arte como una manifestación de sentimientos que no requería de comprensión en el receptor. “Total, nadie entiende los cuadros de Picasso y a todos les gusta”, repetía.

Este que hoy les presento no es uno de sus más conocidos relatos (justamente porque ninguno de sus relatos son conocidos), pero les servirá como muestra de la obra de Juan X. Pérez.
En el texto cuenta la dificultosa búsqueda de placer femenino en el cuerpo de su amada; dificultosa por la tosquedad de sus manos, esculpidas por el tiempo y la nafta que usa para sacarse la grasa. Nos narra, con su personal estilo culto, el derrotero en pos de una meta orgásmica.
Espero que les guste.

“Acuéstate y forma con tus piernas un ángulo recto. Yo seré el explorador que busca la exaltación de la vitalidad de tu conducto membranoso y fibroso que en las hembras de los mamíferos se extiende desde la vulva hasta la matriz. Deja a mis dedos hurgar lo inexplorado hasta hallar el cuerpo pequeño, carnoso y eréctil, que sobresale en la parte más elevada de tu vulva. Lo acariciaré hasta que estés ligeramente impregnada de agua o de otro líquido y entonces mis dedos podrán entrar en tu cuerpo sin dolor.
Cada uno de los cinco apéndices articulados en que termina mi mano rastreará tu punto de Gräfenberg, más conocido como punto G, llamado así en honor de su descubridor, el ginecólogo alemán Ernst Gräfenberg. Pero si acaso fallara, si mis manos se negasen a regalarle a tu alma un sentimiento embriagador de admiración, alegría, etc., no te preocupes, traje un destornillador”.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

jaajjajajjaajajaajajaajajaja.
Pobre.....no solo no le publicaron, creo que tampoco debe haber conseguido poner en práctica sus fantasías...
un beso!!

Karito La Cordobesa dijo...

Jajajajajja!

Le tenía fé al muchacho, pero no, falló.

La Ruiva dijo...

Pero es un poeta!!!
Y no solo eso, sino que se preocupa por el placer femenino a tal punto de tener una segunda alternativa siempre a mano!

Hombres asi hacen falta.
En los talleres mecánicos, claro.

JuliánFayolle dijo...

Me divertí muchísimo escribiéndolo. Con eso solo vale la pena.

Zippo dijo...

No sé, me dio como cosita lo del destornillador.