
En el siglo XVIII (y hasta finales del XIX) se consideraba que el peor pecado era la masturnación. Quien lo practicaba, no solamente se hacía acreedor de las penas del infierno, sino que además, atentaba grandemente contra su salud. Se creía que la masturbación llevaba a la tisis y a una muerte segura. Un tal Karl Müller, publicó en 1781 en Munich un libro dirigido a los jóvenes y a las damas piadosas, en el que se enumeraban las desgracias a las que se hacían acreedores quienes se masturbaban frenéticamente. Y de paso proponía un remedio: el cinturón de castidad.
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6 comentarios:
Te pincho, te pincho.
Me parece una pavada, menos mal que las mentes se abrieron un poco, y los candados.
Ya lo dijo Alessandra, "mastúrbate con pasión!"
eso debe doler, no?
A los demás le debe doler.
A mi no. Yo rompería el candado a martillazos.
La naturaleza es tan linda cuando está libre...
No a las jaulas!
(Te dejo la frase "liberemos al canario" a vos).
(Volví).
Nena, no vuelvas a llegar tan tarde.
¿No ves que no pego un ojo hasta que llegás?
Maño, que dolor de imagen!!!
Curioso el punto en el que habla como se heredaba de unas monjas a otras(¡Menudo asquete!).
Y increible el hecho de que se esté vendiendo actualmente en los sex-shops!!. No puede haber nada menos morboso que un cinturón de castidad.
Arriba la lencería, Abajo la castidad!!!.
Fea la actitud de Muller.
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