
Cuando avista una presa, se acerca en silencio, la ataca, la inmoviliza con las patas y la mata mordiéndole la nuca con su potente dentadura. A menudo bebe la sangre de sus víctimas en el primer momento de la caza y luego las arrastra a un lugar seguro que usa como despensa para devorarlas con tranquilidad.
Todo el texto con otras imágenes, acá.
4 comentarios:
Parece que, en este caso, la presa no se queja.
Murió de manera instantánea. No tuvo tiempo a llorar.
Esa es la luz que, dicen, aparece antes de la muerte?
No se, che... ni idea. Para colmo se nos fue Sueiro.
Publicar un comentario