La inseguridad llegó a mi pueblo

Hasta hace muy poco tiempo atrás, vivir en un pueblo chico era sinónimo de vivir en paz, tranquilo, con las puertas abiertas y las llaves del auto dentro del auto. Era la noche con grillos; las siestas con chicharras y los niños jugando en las calles como si todo fuese un gran patio.
Hoy, en este mundo globalizado en donde lo malo se expande como epidemia hasta contagiar al menos pensado, mi pueblo ya no es lo que era. La inseguridad de las grandes urbes vive también en el campo.
“Nunca es triste la verdad; lo que no tiene es remedio” cantaba alguien, y es esa canción la que suena en mi cabeza cuando leo las noticias.
Como muestra, les dejo una escaneada de una nota del semanario “La Calle” de mi querido pueblito, otrora símbolo de paz.

Hagan clic en la imagen para ampliarla si lo necesitan y/o se animan.

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