María, ésta.



Ok.
Te llamo para que vengas a casa, me tocás el timbre que olvidé avisarte que no anda, me esperás y te enojás hasta que te veo por el canal 98. Bajo a abrirte y te saco la chinche con un beso.
Ya en la casa, pongo algo de música de la que te gusta, te sirvo un "Mojito liberador" (1 cucharadita de azúcar impalpable, 1 tallo de menta, 1/2 taza de jugo de limón, 1 taza de ron blanco, 3 cubitos de hielo y un cachín de agua mineral) y te pido que te quedes conmigo en la cocina. Me da un poco de calor así que me quito un saquito y subo el AA.
Empiezo a preparte la entrada «Es bella tu mano sobre mi sexo, no te detengas, no abras los ojos»: rojos escalopines de ternera en promiscua ensalada con tomate, pepino, aceitunas negras, cebolla morada y escarola. La aderezo con vinagreta de pasta de sésamo, menta, cilantro y jugo de limón. Como me ensucié las manos, te pido que me des de sorber mi trago. Dejo al costado en una mesita ese plato y voy a por el principal «Mi voz dentro de la tuya, tu violencia manteniendome apretada». Pero me da más calor y me quedo en bombacha y musculosa, y en patas. Me tomás por atrás y me pedís que no siga, que con la entrada te alcanza. Me niego, -quiero ganar el concurso- te digo. Te sentás otra vez ahi a un metro, sobre un taburete y recostás la cabeza en el marco de la puerta. Ah no, te levantás porque no te gusta la música y vas a cambiarla. Ponés un disco de blues. Y volvés. Yo ya estoy con las manos en el salmón ahumado, preparando una genital, obscena y femenina flor de su carne sobre sfogliatella mediterránea de mozarella fresca, tomates secos y albahaca. Te pido que me ayudés a preparar la espuma de palta pero no te sale y no te importa, te me venís encima y me sentás sobre la mesada. Sin querér me hiciste clavar la canilla en la primera lumbar y grité, creíste que era otra cosa... y te pegué un bife (despacito... ) y te dije "animalito". Como la bombacha se me rompió al engancharse en una grieta de la mesada, te pedí que te saques los jeans y me los prestaras. Lo hiciste en menos de diez segundos y te quedaste en boxers y remera negra. Me encargué de la bendita espuma de palta como pude y acomodé todo sobre un morboso arrollado tomago de pasta tapenade. Listo, me chupo los dedos y te miro: ¿querés postre?. No me contestás, tenés la boca ocupada por allá... por allá. Te repito (levantandote la cabeza con mis manos) y me contestás "qué se yo, qué me importa". Me mando, me encanta cocinar y este postre es uno de mis preferidos: «Echaré la cabeza hacia atrás gritando, cerraré los ojos soltando lágrimas». Tengo medio preparado una ginger chessecake. Le agrego ralladura de limón y la corono con gelatinosa gelee al malbec y le incrusto frutillas frescas, rojas, carnosas. Se me hace difícil llegar a los ingredientes en esa posición en la que estamos pero le pongo onda y habilidad, así que busco unos tibios y crujientes cubitos de membrillo envueltos en masa phila que saqué del horno justo antes de que llegaras. Pongo todo sobre una coulis de frutos rojos. Creés que terminé, pero quiero preparar algo más para eso de las... 4:45 am. Está difícil, casi no me dejás hacer las cosas, pero tengo pericia y puedo hacer varias al mismo tiempo. Preparo un «No hay fin, no finaliza, ¿lo ves?». Tomo 12 ostras, la salsa de cava y espárragos que preparé a la tarde, 1/4 litro de vino de cava; 2 yemas de huevo; 1/8 de crema de leche; 1 manojos de espárragos trigueros; sal y pimienta. Mientras me besás la espalda abro las ostras y desprendo con cuidado la carne de la concha reservando el jugo para después colarlo. Lavo y seco las conchas antes de disponerlas boca arriba sobre una fuente en la que trato de preparar un colchón de sal común para mantenerlas horizontales. Te despegás un poco y abrís un champagne porque tenemos mucho calor. Aprovecho para pochar las ostras en su propia agua (la que colé) durante 40 segundos, las escurro bien y las coloco de nuevo en sus conchas esperando el momento de incorporar la salsa (paso que dejo para las 4:45 am, así quedan más ricas). Las serviré con los espárragos hervidos al dente, cortados en trocitos de 2cm., con agua y sal. Tras enfriarlos con agua y hielo (para resaltar su color natural) los añadiré a la salsa, y con ella voy a napar las ostras y las meto al horno bien fuerte, pero un toque no más. Eso sí, cuando comemos este plato, yo tomo coca cola de botellita en vaso con tres hielos.
Toda la cena con champagne, buena música y mimos. Tipo... 5:00 si querés te vas, pero si te quedás a dormir bancate el ventilador de techo ;)
Saludos
María, como Narda pero más zarpada.



Esta maravilla la escribió María, la otra. Fue parte de un juego en donde tenía que contar una cena ideal con el amigo Subana. Otras deliverys; María se despachó con éste texto. Los nombres de los platos son muuuuy calientes.

7 comentarios:

Mona Loca dijo...

IMAGINO que la ganadora fue M Lo...
porque, como todas sabemos, al corazón de un hombre se llega por el estómago.


Muy lindo escrito!

PRU dijo...

Vaya megatexto, hasta la chica de la foto bosteza, hahaha... Espera, no, esa expresión en su cara, ahora que me fijo bien... Me confundí, déjalo...

Anónimo dijo...

Había disfrutado mucho de este texto la primera vez, y lo vuelvo a hacer. Es una ídola.

"La Otra", no me gustó. No como título. Me dio cosita. Bah, capaz estoy proyectando.

Besos.

JuliánFayolle dijo...

Lo cambio, karo.

Karito La Cordobesa dijo...

Jajajaja... Gracias, cuchi cuchi!

Jajajaja.

grace dijo...

Si, con este texto nos eliminó a todas de ese ¿juego? jejeje
Es una genia como escribe, a algunos les parecerá largo, pero es otra liga, viste? (es mi amiga, che, y en serio pienso que la rompe escribiendo)
C-Ya!

Anónimo dijo...

Cuando yo sea grande quiero ser como Maria. No puede ser tan grosa.