
Primera cita: ¡todo sale mal! El encuentro es un desastre, lleno de titubeos, tropiezos, errores. El bochado no querría repetirlo: acaba de jugarse la continuidad. La conversación se demoraba, el gesto se le endureció, si hasta el peinado falla. Como si fueran los Fab Five (de Queer Eye for the Straight Guy) para una revancha por la comida, el “dream team” sugiere cómo facilitar las cosas. El levante empieza por el estómago, pero que no les hablen de afrodisíacos y demás inventos del mercado de mariscos. Las reglas del coqueteo rodean la actitud antes que el sabor.
–Hay que estimular el tacto desde el vamos –dice Narda–. Comer con las manos platos de cerezas, mejillones o sushi. Nunca una picada: el salame no es muy seductor.
–Lo importante es que sea algo para compartir, que esté en el medio de los dos y genere cierto acercamiento –acota Germán.
–Para hacer un buen sushi –ayuda el japonés Iwao Komiyama– hay que elegir pescado fresco de calidad, trozarlo delgado, ponerlo a frío.
O llamar al 0800. Y después sugiere un té verde con arroz tostado y pochoclo, extrañísimo néctar que nunca aportará al cachondeo pero sí -dice– al plácido pasaje a una conexión de otro tipo, para almas sensibles o chapados a la antigua que quieren ir despacio.
–Pero no hagas el té verde solo, así nomás –dice Iwao, con cierto desprecio por el neófito–. ¡Está muy trillado!
El resto.
Foto enviada por laRubiaa (evidentemente no es ella). Gracias, rub, te comería a besos con un té verde como plácido pasaje a una conexión de otro tipo. (Otro tipo, siempre me pasa lo mismo. Yo hago el pochoclo y se lo come otro tipo).
8 comentarios:
El pochoclo también acerca, genera una conexión, porque el balde es uno solo, y cuando vas a agarrar te chocás con la mano del otro todo el tiempo....
Y así, trenzando los dedos adentro del pochoclo, le preguntás ¿te dejás?
a mi dame un buen salame, y vos quedate con los mejillones y todas esas asquerosidades.
Y sì, soy algo prosaica
Sonó raro:
Dame el salame y tomá el mejillón.
mmmm... me dieron ganas de ir al cine!
Se supo!, en el balde de golosinas hubo dedos trenzados!
¿En seriooo?
Yo creo que toqué la mano de mosca. Fue en ese momento en que los dos salimos corriendo, uno para el norte y otro para el sur.
Yo paso de los pochoclos. Y no, no soy chapada a la antigua ni pregunto si se dejan.
Alta capacidad de estrolarme contra una pared si se da el caso (pero quien me quita el disfrute de las malas intenciones, las propuestas indecorosas y un sopapito bien dado ¿ah?)
Besos
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