
Fue la lucha, tu vida y tu elemento;
la fatiga, tu descanso y calma;
la niñez, tu ilusión y tu contento,
la que al darle el saber le diste el alma.
Con la luz de tu ingenio iluminaste
la razón, en la noche de ignorancia.
Por ver grande a la Patria tu luchaste
con la espada, con la pluma y la palabra.
En su pecho, la niñez, de amor un templo
te ha levantado y en él sigues viviendo.
Y al latir, su corazón va repitiendo:
¡Honor y gratitud al gran Sarmiento!
¡Honor y gratitud, y gratitud!
¡Gloria y loor! ¡Honra sin par
para el grande entre los grandes,
Padre del aula, Sarmiento inmortal!
¡Gloria y loor! ¡Honra sin par!
6 comentarios:
Que buenas medias que tiene Sarmiento.
Las tejió la madre, abajo de una higuera.
La tiza ensucia mucho, no sé si algún alumno querrá ofrecerse para ayudarla a limpiarse.
Y justo se vistió de negro.
Sarmiento tenía esa cara de enojado porque no habia maestras como ésta.
Y seguro que ésta es de las que va a las heladerías del centro!
¡Viva la educación! Si tuviera compañeras de este tipo justificaría mi deseo de transformarme en educador.
¡Saludos!
Publicar un comentario